El proceso de maduración es de dentro hacia afuera, al revés que el tomate habitual, por ello cuando veas que aparecen puntos o vetas rojizas vete preparando el plato.

El frío de la nevera ayuda a ralentizar la maduración como te explicamos aquí, pero el mejor consejo es que pidas la cantidad que vas a consumir sin excederte o calcules bien si quieres regalar algunos kilos.

Hay distintos tipo de verde, este gráfico te ayudará a identificar el mejor momento.




Intenta que el tomate no esté demasiado rojo (maduro). No es que varíe mucho el sabor, sigue estando muy rico, la pena es que pierde la textura crujiente.

 
Te recomendamos que lo cortes en gajos. Dale un corte vertical y a partir de ahí comienza a cortarlo siguiendo los propios surcos del tomate.

Cada uno lo consume a su manera pero nuestra recomendación es que lo hagas con sal semigruesa o Flor de Sal (la sal fina se diluye demasiado) y aceite de oliva virgen extra. Eso al principio, cuando ya estés acostumbrado combínalo con un poco de ajo fresco picadito.

¡Y no le pongas vinagre! Bueno, te dejamos que le pongas Aceto Balsámico (de Módena, ya que estamos) si quieres, pero cualquier otro vinagre tiende a enmascarar y contrarrestar el sabor dulce.

La presentación que sea lo más sencilla posible. El mismo color del tomate ya es suficiente fiesta.

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