La metamorfosis vivida por el erial almeriense y la costa granadina en los últimos 30 años, así como la opacidad sobre su rápida transformación ha propiciado que se generen creencias erróneas sobre la actividad más productiva de Andalucía: la agricultura bajo plástico.

 
Los terrenos invernados ocupan una extensión de 43.000 hectáreas, una superficie similar a 5.000 campos de fútbol que, dispuestos en línea recta, conectarían las ciudades de Madrid con Moscú. Su producción, cercana a los 2,5 millones de toneladas, abastece a más del 60% del consumo nacional y a más del 30% de los mercados europeos, alcanzando cotas superiores al 80% durante los meses de invierno. Además, ocupan a 110.000 personas y generan un volumen de negocio superior a los 2,5 millones de euros.
 
Sin embargo, y pese a que sus plásticos de color blanquecino llegan incluso a verse desde el Espacio y sus productos son saboreados en medio mundo, sobre ellos se ciernen algunos falsos mitos más propios del desconocimiento que del exceso de información.
 
En su ánimo por aclarar estos aspectos y romper con esas falsas creencias, la Organización Interprofesional de Frutas y Hortalizas de Andalucía, HORTYFRUTA, que representa al 70% de la producción y comercialización de productos hortofrutícolas bajo abrigo, ha elaborado un documento en el que se aclaran ciertos prejuicios sobre los cultivos de invernadero:
 
1. Los invernaderos utilizan pesticidas ilegales.
En los últimos años, el sector de la producción hortícola del sur de España ha tenido una evolución sin precedentes a nivel mundial, en lo que se refiere a prácticas agrarias respetuosas con el medio ambiente. Hoy en día, el cultivo de invernadero que se realiza en Andalucía se ha convertido en el mejor ejemplo de técnicas de producción sanas, saludables y respetuosas con el medio ambiente.
 
Diariamente, las autoridades públicas a nivel nacional e internacional, llevan a cabo exhaustivas y minuciosas campañas de control en las que analizan productos agrícolas en todas y cada una de las etapas, desde la recolección hasta la puesta a disposición del consumidor final; lo que implica que el uso de sustancias químicas no autorizadas resulte inviable no sólo legal, sino también comercialmente.
 
2. Los productos cultivados en invernaderos carecen de sabor.
Precisamente, la evolución en los métodos de cultivo experimentada por el campo andaluz ha venido motivada por la aplicación del control biológico, es decir, la utilización de insectos beneficiosos para acabar con las plagas que amenazan a los cultivos. Según opiniones recabadas de técnicos agrícolas, el 86% coinciden en señalar que la calidad de los frutos obtenidos gracias al control integrado es mucho mejor que la de cultivos tratados con productos químicos y proporcionan hortalizas más sanas y sabrosas que las cultivadas con los métodos tradicionales.
 
3. Las frutas y hortalizas maduran en las cámaras frigoríficas.
Esta creencia es, como todas las que aquí se esbozan, absolutamente falsa ya que los productos son arrancados de las plantas en el momento óptimo de su maduración. La alta competencia del mercado y las elevadas exigencias de las cadenas de distribución, cada vez más comprometidas con la calidad, hacen indispensable que todos los productos lleguen al consumidor en perfecto estado de maduración y de consumo. 
 
4. Los productos son menos naturales porque se controla la luz y el calor que reciben para que crezcan más deprisa. 
Andalucía es la mayor reserva invernal de luz solar de Europa. El sol, fuente inagotable de energía, es el motor principal de la producción agrícola andaluza. Luz y temperatura, dos de los elementos climáticos básicos para el desarrollo óptimo de una buena fruta y hortaliza, se reciben en cantidad adecuada en los invernaderos directamente del sol y sin necesidad de recurrir a calefacción o iluminación artificial. 
 
5. Se hace un uso inadecuado del agua.
Si en alguna zona de España el agua se valora como un bien preciado, ésta es Andalucía, donde tradicionalmente los productores andaluces han sido grandes gestores de este recurso tan limitado. Por este motivo, en la totalidad de los cultivos que se llevan a cabo en el suelo de las superficies invernadas, la capa más superficial está compuesta por varios centímetros de arena con el objetivo de romper la capilaridad y evitar la evaporación del agua. Además, hoy por hoy, todas las explotaciones andaluzas bajo abrigo de frutas y hortalizas disponen de modernos sistemas de fertirrigación controlados por ordenador, para hacer un aprovechamiento óptimo de cada gota de agua.
 
6. Se trata de una industria contaminante.
Desde hace décadas, Andalucía se ha implicado activamente en la lucha contra el cambio climático a través de uno de los principales motores de su economía: la agricultura de invernadero. 
 
Un estudio realizado por el profesor de la Universidad de Almería, Pablo Campra, ha demostrado que la reflexión de luz solar en los plásticos de los invernaderos contribuye a mitigar el calentamiento global, es lo que se conoce como el efecto albedo, es decir, la capacidad que tiene una determinada superficie de reflejar parte de la radiación solar. Este estudio ha demostrado que mientras la temperatura media anual en todo el mundo ha subido en el mundo en los últimos años, la temperatura media en esta zona hortícola ha bajado.
 
En este sentido, los invernaderos, con sus techos de plástico blanco, se parecen a las superficies de hielo y nieve en las capas polares y el aumento de la superficie de invernaderos en los años 80 y 90 explica la bajada de las temperaturas observadas en esta zona del planeta.
 
En los últimos 25 años, la temperatura de la comarca Litoral del Poniente almeriense ha descendido 0,3º centígrados gracias a las cubiertas de plástico de los invernaderos. Esta bajada contrasta con el incremento de la temperatura global del planeta, que ha subido 0,7º y en la Península Ibérica 1,5º. 
 
Pero no sólo el efecto albedo da fe de que los invernaderos se han convertido en una potente arma contra el cambio climático, también ha quedado demostrado que los cultivos eliminan una cantidad importante de CO2 al ambiente porque las plantas absorben este gas para su crecimiento. De hecho, este estudio constata que las plantas de los cultivos de invernadero absorben unas 10 toneladas de CO2 por hectárea y año.  
 
7. Se trata de un sector poco modernizado.
Bajo los plásticos herméticamente cerrados abundan los últimos avances tecnológicos convirtiéndose en un ejemplo de I+D para otras zonas productivas, también muy avanzadas tecnológicamente, como Holanda. 
 
La imperiosa necesidad de hacer de las explotaciones unas superficies más productivas y de rentabilizar al máximo el uso de la energía ha propiciado la aparición de avances como nuevos invernaderos de alta tecnología. Este salto tecnológico, de importantísimas proporciones para este sector, ha posibilitado la disminución de productos fitosanitarios, la mejora de los cultivos, y un mejor aprovechamiento de las aguas pluviales.
 
8. La mayor parte de los trabajadores empleados en el campo son inmigrantes.
La mano de obra de la población inmigrante ha sido y continúa siendo fundamental para el desarrollo de los invernaderos y su avance sería impensable sin la presencia de este importante colectivo. La explicación se debe a que, tradicionalmente, la población autóctona ha evitado emplearse en tareas agrícolas, debido al sacrificio que éstas comportan, por lo que los inmigrantes han cubierto parte de la mano de obra necesaria en la agricultura ante la dificultad para encontrar trabajadores.
 
No obstante, esta tendencia ha cambiado con la irrupción de la crisis económica, ya que mucha población desempleada que antes estaba ocupada en el sector servicios o de la construcción ha regresado al campo. Actualmente, el 36% de los trabajadores que se emplean en los invernaderos son inmigrantes.
 
9. Los invernaderos se nutren de mano de obra ilegal.
La inmigración ilegal es, sin duda alguna, la mayor lacra que sufre el sector primario por su estrecha relación con la economía sumergida y la contratación de trabajadores irregulares. Actualmente, la industria de invernaderos emplea a 110.000 personas en las explotaciones agrícolas, comercializadoras e industria auxiliar; y la presencia de trabajadores ilegales es absolutamente residual.   
 
10. La mujer carece de representación en el sector de los invernaderos.
En los últimos años se ha visto una evolución en el papel de la mujer en este sector tomando un rol mucho más activo y relevante. Si hace algunos años, su representación se ceñía a ayudar a sus maridos en las labores agrícolas, ahora han pasado a administrar una de cada tres explotaciones agrarias. Pese a que su trabajo esté más limitado en las labores estrictamente agrícolas, la presencia de las mujeres en las tareas de envasado y manipulado es muy elocuente.    
 
 
Acerca de Hortyfruta
Hortyfruta es la Organización Interprofesional de Frutas y Hortalizas de Andalucía que representa al 70% de la producción y la comercialización de los productos hortofrutícolas andaluces cultivados bajo abrigo (plástico, malla y cristal) y para consumo en fresco. Su misión es crear una imagen positiva, saludable, limpia y responsable de los productos hortofrutícolas andaluces a nivel nacional e internacional, reforzar la competitividad de los productos en el mercado y su compromiso por la lucha integrada y el respeto al medio ambiente.
 
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