La primera idea fué embolsar el tomate en una bolsa de plástico alimentario de las habituales. Pero lo desechamos de inmediato por que las frutas y verduras, cuando están envueltas en plástico se asfixian en su propio etileno y maduran más rápido.
La separación con cartón o parafinas tampoco era una opción.
La empresa de mensajería cuida mucho los portes pero hay posibilidades de que se muevan un poco y se mezclen.
Finalmente dimos con una solución que cubría todas las posibilidades y es usar bolsas de rejilla verde de las que habitualmente se usa para fruta. Este tipo de bolsa permite que el tomate respire a la vez que le da al paquete cierta movilidad para ajustarlo a la bolsa.
Cada bolsa la identificamos con una etiqueta que dice la cantidad y la categoría.
La solución está funcionando muy bien. Algun cliente nos ha dicho que se han convertido en las bolsas de juegos perfectas para sus hijos y cuando los pedidos se hacen desde oficinas entre varios (para repartir los gastos de envío) facilita que cada uno pille su bolsa y se vaya a casa con el tipo de tomate y la cantidad exacta que ha pedido.


